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Este blog tiene el propósito de dar a conocer de manera breve todos los contenidos que vimos en la materia de Historia de México I durante nuestro tercer semestre de bachillerato.
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diciembre 10, 2022
BLOQUE IV: El Colonialismo y el Virreinato de la Nueva España
El colonismo y el virreynato
La colonización de Mexico se puede dividir en tres etapas: I.1492-1519, el descubrimiento; II. Antes de la llegada de Hernán Cortés, los españoles habían realizado dos
expediciones a México sin que ninguna fuera exitosa. Como todos sabemos, el principal factor histórico en aquella
época era la minería. En 1519, Hernán Cortés llegó a México y durante los
tres años siguientes tenía guerras tanto con los aztecas como con sus enemigos
compatriotas para finalmente en 1921 triunfó en ambas con la subyugación de los
indios y la rendición de otros conquistadores de Cuba.
La importancia de la época de la Colonia es determinante tanto para la historia de nuestro país como nación independiente como para la historia de todo Occidente, ya que, a partir de ese momento, América entró a formar parte del mundo que
hasta entonces conocían los europeos. En la época de la Colonia la religión
católica ganó nuevos e importantes territorios, cambió el lenguaje, la traza de las ciudades, las manifestaciones culturales y artísticas
yse inició el mestizaje o sincretismo, es decir la mezcla entre los conquistadores
y los conquistados, combinación que definió el carácter actual
que tienen hoy todas las naciones llamadas latino o hispanoamericanas.
El proceso de expansión y colonización
Cuando Hernán Cortés llegó en México en 1519, a la orilla del Golfo de México fundó la
primera ciudad de la Nueva España, la Rica Valle de Veracruz, que jugaba un papel muy importante tanto en
el aspecto militar como en el comercial, puesto que era la única salida a las islas
antillanas. En los primeros años de la colonización el
territorio de Nueva España se limitaba en la meseta central, pero con el tiempo se iba expandiendo hacia
el sur, el norte y el oeste. También prologaron el dominio español hacia
las islas Filipinas.
Desde el descubrimiento de América empezó el comercio entre las colonias y España. México exportaba oro, plata, azúcar, piel por el puerto Veracruz, o directamente a España, o haciendo escalas en las islas antillanas, la importación de España seguía la misma
ruta sólo al revés.
Aunque legalmente los indios tenía almas y eran aptos para recibir sacramentos e incluso contraer matrimonios con los españoles, su condición era poco mejor que los esclavos
en la sociedad colonial. La organización económica de los indios se
llamaba la Encomienda.
Las manos de obras en las minas eran indios y negros. Pero más tarde por una rebelión de unos negros, hubo una matanza general de negros y muy
pronto vino una cédula de la Corona de que ya no se tradujeran más negros a
México.
La expansión durante el siglo XVIII
Durante el siglo XVIII la expansión se dio de
manera vertiginosa, sobre todo en zonas antes no dominadas. En todas partes eran paralelos los
descubrimientos mineros con la expansión española. En 1631 se descubrió Parral, hoy Coahuila, en la Nueva Vizcaya, este suceso marca el arranque de la
expansión minera y de los yacimientos argentíferos de la Sierra Madre Occidental, así como de Sonora a partir de 1640 con un
pequeño auge 20 años después.
La evangelización
Durante los primeros años de contacto entre españoles e indígenas se produjo con gran intensidad el proceso de transmisión, asimilación, imposición y adaptación de patrones
culturales. Los misioneros dieron, importancia primordial a las ceremonias
cristiana con las que sustituyeron nos cultos prehispánicos, tan espeluznantes a sus ojos, En unas ocasiones, el ir de un ritual a otro significó un cambio meramente
superficial, y la unión de las dos religiones legó a ser
descubierta por los frailes que daban la doctrina cristiana, quienes rápidamente se lanzaron a la tarea
de expulsar vestigios de adorar a ídolos no cristianos. Bajo la recelosa
vigilancia de los ambiciosos vecinos, los reyes españoles Isabel y Fernando
hicieron negociaciones con el Papa y consiguieron los títulos que les permitirían
disfrutar sus descubrimientos. " Pocos años después, en 1504, la reina en su testamento pedía el envío de
"personas doctas e temerosas de Dios para instruir los vecinos e moradores
delas , en la fee católica, e les enseñar e doctrinar buenas costumbres de san Agustín.
Poco a poco iniciaron unos y otros la expansión de
sus conventos, sin alcanzar nunca el número y la
importancia de los franciscanos, que no solo tuvieron mayor número de
conventos, sino que marcaron las pautas del apostolado
entre los indios. Desde 1532, el primer obispo de la dio-cesis de México, Fray luan de Zumárraga, comenzó a dictar órdenes para instruir y
convertir a los indios a la fe católica. En esa época imperaban as encomiendas, por lo que se responsabilizó a los
encomenderos de la educación cristiana de gran parte de los indios. Sin embargo, hubo quejas por el incumplimiento, por lo que el rey les condiciono a quitarles
las encomiendas si no cumplían con la disposición de adoctrinar a los indios.
Como no eran suficientes los religiosos para
llevar la fe católica a la población indígena, tomaron a los indios que eran autoridad, que habían recibido la doctrina cristiana
para que fueran maestros, vigilantes y celadores de sus vecinos. Los llamados calpixques o fiscales
designados por los religiosos respondían ante estos de la asistencia colectiva
a misas y catequesis, y a cambio disfrutaban de una posición
privilegiada. Con frecuencia cometían abusos contra los
macehuales y entraban en tratos con los españoles para imponer cargas excesivas
en trabajo y prestaciones. Los maestros indígenas o temachtianis sirvieron
como catequistas auxiliares, pero no pudieron tener escuelas directamente
bajo su cuida-do, por prohibición expresa del primer virrey
don Antonio de Mendoza.
Las autoridades civiles también participaron en la
evangelización, por medio de órdenes destinadas a lograr la
atracción de los indios a la fe católica, meta anhelada por todos los nuevos pobladores. El VI-rey don Antonio de Mendoza estableció
penas físicas para quienes no quisieren recibir la nueva fe católica. Los gobernadores, alguaciles y alcaldes debían vigilar el
cumplimiento de lo establecido y ayudar a los religiosos en sus tareas. No es de extrañar que los frailes, como únicos representantes de la autoridad
española en muchas regiones, se erigieran en jueces y tomasen por su
cuenta la tarea de castigar a los indios rebeldes o remisos.
Los métodos de evangelización
Los religiosos utilizaron muchos medios para vencer la inicial desconfianza de los indígenas y la barrera de la lengua. Los religiosos querían fundar comunidades
ejemplares, como las de la cristiandad primitiva, con la que veían muchas cosas parecidas, ya que había actitudes y normas de
comportamiento de la sociedad prehispánica basadas en una ética que encajaba
perfectamente en los modelos de virtud recomendados por la Iglesia católica. Sin embargo las buenas intenciones se
topaban con la ambición de riqueza de los conquistadores, la falta de dinero dado por la Corona, lo estrictos que eran los recaudadores de
impuestos, la corrupción de los funcionarios, la intransigencia de muchos religiosos y la
ineptitud de otros más. Para el aprendizaje solo formal los
religiosos se auxiliaron con cantos y bailes.
La evangelización de los nobles y gente común
Los religiosos utilizaron muchos medios para vencer la inicial desconfianza de los indígenas y la barrera de la lengua. En esto aliviaban una de las grandes
preocupaciones de los clérigos novohispanos. Antes de que terminara el siglo de la
conquista, ya tenía avanzadas españolas en el norte, incluso en el istmo y en Yucatán. Los religiosos se iban intrépidamente por
lugares remotos, con celo por la conversión de los fieles y
el orgullo personal, aunque algunos lo hacían por el interés
material de obtener un curato populoso y productivo, para beneficio personal o para beneficiar a la orden a
la que pertenecían.
Los religiosos de las órdenes regulares se
peleaban entre ellos y contra los seculares. Pronto hubo conventos grandes, medianos y pequeños que se identificaban
como cabeceras o doctrinas. La autoridad española pidió al clero regular
que establecieran conventos en regiones remotas, procurando que estuviesen a seis leguas uno
de otro, evitando dejar comarcas abandonadas. Poco después de mediados del siglo XVI va
había conventos en las regiones más densamente pobladas, cerca de las grandes ciudades españolas y
con gran capacidad productiva.
Los dominicos tenían el poder casi total sobre las
regiones mixteca y zapoteca y ocuparon los actuales estados de Oaxaca y Chiapas. Los agustinos fueron vecinos de los
franciscanos en Michoacán y el norte de Pue-bla, evangelizaban parte de los actuales de
Hidalgo y Veracruz, y penetraban por el estado de Guerrero, en Chilapa y Tlapa. durante los siglos XVIl y XVIII, la expansión misionera abarcó provincias remotas, llevando los sistemas de evangelización que
se había empleado inicialmente en el siglo XVI en el centro de México. En los siglos XVII y XVIII, la expansión misionera se trasladó a
regiones remotas con los mismos métodos del centro de la Nueva España.
Las doctrinas y visitas, curatos y beneficios, dieron muchos beneficios lucrativos, disputándoselos los religiosos seculares y
regulares, criollos y peninsulares.
Organización política y social
La herencia social de América Latina no solo fue una rígida estructura de una aristocracia con riqueza y poder en el pequeño punto de una amplia pirámide y, en su base, una masa de gente empobrecida, marginal, impotente y subordinada. En las sociedades ibérica e iberoamericana
la función de las características físicas -y asociados con este la «pureza de
sangre» y la religión-puede ser considerada como la consecuencia de las
experiencias colonizadoras y colonizantes de los ibéricos, tanto en la península como en el nuevo mundo . La conquista del nuevo mundo extendió el
estilo desarrollado du-ante la Reconquista. El posterior cambio socioeconómico, tanto en la península como en las colonias, reforzó el criterio de pureza de sangre o
«raza» para pertenecer a la élite.
Desde el principio, la conquista hizo vasallos a los amerindios, la creencia en dioses considerados falsos
los colocó bajo protección y la «inferioridad» y la renuncia a aceptar la
cristiandad y la tutela los hizo ser «gente privada de razón». Mas tarde, en el siglo XVII, cuando la contracción económica tanto en
América como en la metrópoli española incrementaron la competencia por el
acceso a la riqueza, el estatus y la seguridad, los criterios de pureza de sangre y fenotipo
fueron apuntalados en España y en las colonias.
La división de la sociedad
La conquista, ocupación y administración de América permitió
a los europeos de la península ibérica construir una sociedad de superiores e
interiores, de señores y masas, de libres y esclavos, de blancos y no blancos. Incorporaron elementos de la elite amerindia
en sus estados nativos asi como a nivel local. El clero amerindio tue despiadadamente
aniquilado por una sociedad conquistadora, una de cuyas preocupaciones dominantes era
la conformidad religiosa aparen-te. Puesto que la nobleza amerindia coopero con
los colonialistas españoles, fue conservada para exigir tributos y
trabajo a las masas indígenas y facilitó el sistema español de dominación
indirecta.
Los españoles peninsulares y los criollos se
concentraron en los grandes centros comerciales, administrativos y financieros del mundo
colonial, tales como Mexico y Lima, las principales ciudades mineras. El campo pertenecia la población amerindia
entre la que estaban esparcidos los blancos en sus haciendas o en pequeñas
ciudades. Para crear, luego, una sociedad de dos clases o estratos
comparables al modelo ibérico, los blancos confiaban en el racismo, no solo para mantener en su lugar a los
amerindios que encontraron y a los negros que importaron, sino también para contener a los mestizos, los mulatos y las castas. Y puesto que -como en el caso de los blancos
europeos- el número de mujeres negras era proporcionalmente bajo, en los centros urbanos los negros hallaron
compañeras entre la población amerindia.
La incontrolada mezcla de razas complicaba la
creación de una sociedad de dos clases donde las características físicas
reconocibles diferenciaban la posición que tenían las personas en la sociedad. De mayor importancia en el surgimiento de
los pueblos mezclados o castas, como elemento clave en la sociedad colonial, fue el desastre demográfico que los
españoles desencadenaron cuando entraron en contacto con la población amerindia
y transmitieron enfermedades epidémicas -viruela, sarampión tifoidea, en particular la primera- a pueblos que
carecian de inmunidad. La población se estabilizó solo hasta la
mitad del siglo XVII. No hay duda alguna del descenso de la
población amerindia alrededor del año 1600.
Herencia colonial latinoamericana. Hacendados y funcionarios que probablemente
durante e siglo XVI cuando el gran hacendado surgió en América como la figura
dominante, tanto de la sociedad como de la economía
colonial. La característica más notable y duradera de
cualquier régimen colonial es el administrador, el burócrata colonial, alto, medio y bajo. En resumen, utiliza el poder del Estado para preservar
el sistema colonial.
El es el representante del sistema colonial. Los frenos y contrapesos no tenían lugar
tradicional dentro del sistema colonial. En la práctica, la administración colonial, desde los ministros del Consejo de Indias y
la Casa de Contratación en la metrópoli hasta los virreyes, los Jueces de las audiencias y los
administradores locales tales como los corregidores y sus subordinados en las
llamadas «repúblicas» indias era un vasto sistema de patrocinio en que
participaban tanto peninsulares como criollos hasta el Virrey, representante del poderoso, aunque lejano monarca, se le contó la responsabilidad final de la
administración de las dependencias de Castila, de la armonización y equilibrio de los
grupos de interés, de la conservación de la hegemonía colonial.
Para los cargos de importancia tan primordial el
monarca nombraba a personalidades seleccionadas entre aquellas que la sociedad
española consideraba como más naturalmente aptas para gobernar - la alta nobleza, frecuentemente los grandes de España. Al iniciar la conquista, la administración colonial recibió de la
Iglesia autoridad para representarla, cuando el Papa permitió que el monarca del
reino de Castilla hiciera nombramientos, administrara sus bienes y cobrara impuestos, a cambio de convertir a la fe católica a la
población india y de mantener a la iglesia en América. Hacia 1700 las contribuciones de los fieles
y las inteligentes políticas financieras habían hecho la riqueza y los ingresos
de la iglesia colonial tan grandes en las colonias como en la metrópoli.
Características del virreynato (XVIII)
Economía
La economía de la Nueva España se definió por la confluencia de dinámicas internas sectores económicos y regiones- y externas. El reino tuvo la característica de no atraer
a sus diferentes sectores económicos con sus regiones como lo están en una
economía nacional moderna. Los españoles dedicaron entre 70 y 80 años
para expandir su influencia en lo que sería su imperio en América. También tuvieron que transcurrir 200 años de
ensayo y penurias para establecer una economía colonial con España, y con Europa occidental a través de aquella.
Fundaron un conjunto de centros mineros en México, vinculados con diversas regiones agrícolas y
ganaderas, dedicadas a la producción de víveres y
materias primas. En los primeros 200 años los españoles
crearon un sector colonial minero que fue capaz de sostener la economía
metropolitana y su posición central en Europa occidental.
La minería
También buscaban que los comerciantes les prestaran dinero, quienes por lo regular terminaban
asociándose o se quedaban con las minas cuando los dueños no podían pagar los
préstamos. El auge de la minería entre 1545 y 1610 se
caracterizó por la participación de la empresa privada, protagonizada por los mineros, los comerciantes y el Estado, quienes se repartieron los beneficios. Los mineros y comerciantes de la Nueva
España y de toda América, los comerciantes de Sevilla y, a través de ellos, los comerciantes y fabricantes de Europa
occidental, quienes se beneficiaron directa e
indirectamente. Alrededor del 20% de la plata extraída y
hecha moneda, llegó a manos del Estado, a través del gobierno novohispano, y de los ingresos provenientes de la
extracción del mercurio, que era controlado estatalmente y rentado a
los comerciantes.
El Estado también se benefició indirectamente de
los impuestos sobre los bienes exportados a América y la cantidad mandada desde
América al puerto de Sevilla , en donde era reenviados al resto de Europa
occidental para pagar las importaciones que se recibían en España e
Hispanoamérica.
La Hacienda
Mucho antes de los grandes descubrimientos mineros de mediados del siglo XVI los principales empresarios de la conquista exigían restitución por su desembolso personal de equipo y por los riesgos que con a de tributo y trabajo indígena y concesiones reales de tierras. Cortés, con mucha visión, se consiguió para él y sus descendientes
inmensas concesiones de tierras y exigencias de tributos y servicios indígenas, habiendo bastantes en sus dominios América . Es lógico que se rehusarán a crear granjas
familiares en el mundo colonial, donde existían grandes extensiones de tierras
y una gran proporción de agricultores calificados subordinados amerindios
-siendo la tierra y el trabajo el fruto de la conquista. Los indios araban, cultivaban y cosechaban las tierras de los
nuevos amos españoles.
La producción minero decayó de manera regular y
las repercusiones se extendieron por las concesiones de tierras a los indígenas
o fundos que se había creado alrededor de los centros mineros para suplir maíz
y trigo, frijoles, forraje, mulas, burros y caballos, cerdos, carneros, cueros y burdas telas. Se presionó a las comunidades indias para
que proporcionaran fuerza de trabajo, ya sea apropiándose de sus tierras, o alentando la residencia en los latifundios
ya sea apropiándose de sus tierras o alentando la residencia en los latifundios
mediante el adelanto de pequeñas cantidades para el tributo y el diezmo. El principal problema colonial de España era
cómo ampliar al máximo su control del oro y la plata exportados a la metrópoli, la base de la economía y la sociedad
españolas y soporte principal de la posición española en Europa. Hacia fines del siglo XVII la explotación
del mundo colonial se hizo más y más difícil.
Mientras la demanda colonial permaneciera dentro
de límites predecibles, mientras no se desarrollaran nuevas regiones
de exportación colonial, mientras los abastecedores europeos de
España se contentaran con explotar las colonias a través de ese país o las
actividades de contrabando directo de las Antillas no se hicieran excesivas, el sistema colonial español que intercambiaba
una producción minera máxima por importaciones de lujo mínimas y que
desalentaba las exportaciones agrícolas y ganaderas, tenía razonables posibilidades de sobrevivir. Pero la revolución comercial e industrial
del siglo XVIII y la creciente agresividad de los intereses comerciales
ingleses y franceses pronto pusieron en claro que el sistema colonial español
tendría que ser modificado o que tendría que ser despedazado.
SINCRETISMO
CULTURAL
El traslado de la población masculina a las regiones mineras, la migración de las mujeres a las ciudades, el trabajo coercitivo extendido y la
secuencia de epidemias fueron los factores que produjeron lo que luego se llamó
la catástrofe demográfica indígena. La imagen verdadera de la colonización del
reino de la Nueva España en sus primeros momentos se expresa al considerar
que a mediados del siglo XVI Vivian en esta aproximadamente 20, 000 individuos de origen o ascendencia
europea y no menos de 15, 000 negros, más varones que mujeres en ambos casos. Las primeras expediciones no llevaban mujeres.
Las mujeres europeas se embarcaron hacia América
al finalizar el siglo XV1, cuando la conquista militar había concluido. Las mujeres arribaron a las ciudades y villas
para conformar los grupos de parentesco peninsulares en Indias. Pero las pequeñas poblaciones no se nutrían
de la presencia de las mujeres de la península, y, en muchos casos, ciudades que con el tiempo descollaron jamás
vieron una mujer peninsular. Su importancia es mayor cuando consideramos
el escaso número de mujeres españolas asentadas en los primeros períodos de la
sociedad iberoamericana.
Las mujeres nativas aparecen no solo como agentes del mestizaje biológico, sino también como determinantes de la socialización de sus hijos. La aparición de mujeres españolas no detuvo realmente el mestizaje biológico, pero sí disminuyó el mestizaje cultural en el contexto de las nuevas sociedades.
Reformas borbónicas
Durante el siglo XVII por la debilidad de los reyes, la lejanía de España, la ausencia de un ejército, y la costumbre de los gobernantes locales de
"representar" al rey y no cumplir su mandato, varios grupos políticos se compartían el
poder. Los habitantes de la Nueva España y el resto
de América, sostenían que las colonias, más que ser esto, eran como los otros reinos de España, con cierto grado de autonomía. Al avanzar el siglo, la Nueva España era vista como una
proveedora de bienes económicos y estratégicos a la Corona. Tradicionalmente se ha denominado este
periodo como el de las reformas borbóni-cas.
Sin embargo, para la sociedad virreinal, en vez de reformas positivas, fueron alteraciones nocivas que violaban la
legislación y los intereses políticos y económicos de Nueva España. Después de la guerra que España libró con
Inglaterra, Carlos III dictó varias acciones para que la
Nueva España mandara más fondos para la península. El rey nombró al visitador José de Gálvez, quien revisaría los tribunales de justicia, la Real Hacienda, que interviniera en finanzas de ciudades, villas y pueblos de los indios. Los levantamientos populares se llevaron a
cabo en varios cientos de kilómetros a lo largo de la Nueva España.
Las reformas borbónicas en los impuestos
Al finalizar el siglo XVIII se quiso ampliar, pero la crisis agrícola de ese siglo hizo
difícil hacerlo. Llegado el siglo XIX, se extendió la tributación en número, es decir, se amplio la misma. Desde el siglo XVI, varias contribuciones recayeron directamente
sobre la producción minera, lo que repercutió en las ganancias de los
propietarios. Las tasas se fueron reduciendo y en el siglo
XVII la norma fue que el impuesto minero fuera de 10% del valor de la plata
sacada del fondo de la tierra, el cual se cobró en las cajas de rescate ubicadas
en la provincia o en la Casa de Moneda en la ciudad de México, a donde se llevaba la plata para que la
acuñaran.
Los diversos impuestos mineros proporcionaron un promedio de 4 millones de pesos anuales al erario en la década de 1790, lo que representó aproximadamente 26% del ingreso neto total del gobierno virreinal.
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